Somos las voces atrapadas en el silencio... enmudecidas, ahogadas bajo un mar de sangre y sentimientos de otro, un otro que no conocemos porque de cierta manera en nuestra vida ha dejado de existir. Solo sigue rondándonos su fantasma, haciéndonos titubear, tropezar algunas veces en el camino.
Somos las lágrimas que nunca cayeron, se disolvieron a la fuerza en nuestros ojos mientras se disolvía también nuestra voz en la garganta y mordíamos nuestros labios para no sollozar, para no ser débiles.
Somos los días que no fueron días, las nubes que no alcanzaron a ser lluvia porque el sol no las dejó. Somos un nudo que no se puede desatar, las frases que no se alcanzaron a escribir y solo se perdieron entre miles de pensamientos confusos.
Somos lo que no fuimos, quizás lo que no quisimos, pero somos nuestros errores que se convirtieron en piel, en carne, en vida y nos han hecho crecer y avanzar por un sendero que día a día tenemos que ir construyendo.
Somos las lágrimas que nunca cayeron, se disolvieron a la fuerza en nuestros ojos mientras se disolvía también nuestra voz en la garganta y mordíamos nuestros labios para no sollozar, para no ser débiles.
Somos los días que no fueron días, las nubes que no alcanzaron a ser lluvia porque el sol no las dejó. Somos un nudo que no se puede desatar, las frases que no se alcanzaron a escribir y solo se perdieron entre miles de pensamientos confusos.
Somos lo que no fuimos, quizás lo que no quisimos, pero somos nuestros errores que se convirtieron en piel, en carne, en vida y nos han hecho crecer y avanzar por un sendero que día a día tenemos que ir construyendo.




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